
Querido Gabo
Escribo esta carta para compartir con vos la emoción que me desbordó hace unos meses al comenzar la lectura del libro “Del amor y otros demonios “. Sentí que era el reencuentro con mi primer amor.
Tenía quince cuando, a través de “Cien años de soledad” despertaste mi adolescencia a la pasión por la lectura. Me entregué intuyendo que penetraba un mundo mágico guiada por la mano de un maestro del arte literario. Recuerdo que esa magnífica obra tuya fue mi refugio en días difíciles y germen de ilusiones cuando mi autoconfianza languidecía. Hasta la oscuridad que embargaba mis noches era menos densa y las sombras se rendían a la luminosidad que irradiaban las escenas de tu texto.
Pero llegó el día que arribé a la última página de ese primer gran legado, ese libro, compañero incondicional, cuyo influjo nunca me abandonó. Es acerca de eso lo que quiero contarte: no hubo pesadumbre, porque no existió despedida. Simplemente permaneció en mi interior la marca sustancial de haber sido atravesada por su poder de transportarme y orientarme en la invención de sueños propios.
¿Será ese verter tu lúcida sensibilidad de modo tan afectuoso lo que hace de tus párrafos un tierno abrazo? Un abrazo que nos contiene del lado de la vida, de la dignidad, mediante una especial forma de alegría, de insistencia en la belleza y lo ético permitiéndonos sobrellevar serenamente lo cruento de la existencia.
Tal vez por esto fue que te busqué sin saberlo, querido Gabriel García Márquez. Me doy cuenta ahora de que te busqué en cada autor, en los muchos libros leídos, en cada uno de los célebres escritores que despertaron mi admiración, me conmovieron y asombraron, en fin, que me formaron. Y claro que agradezco el invalorable enriquecimiento que aportó a mi vida este recorrido al que me impulsaste. Pero no pude encontrar en ninguno esa festividad de arte poético, esa amorosa sinfonía que amalgama a la realidad todo lo mágico que contiene la existencia, desde la unidad de tu hechizadora narrativa.
Me pregunto qué vivencias, qué percepciones dotaron tu pluma con esa imaginación capaz de dar vida y desplegar tales quimeras. Quimeras que, penetrando más allá de los pensamientos y emociones, develan el espíritu de cada personaje y nos familiarizan con los sueños y pesadillas enraizados en el pueblo latinoamericano. Mediante ellos nos transformas en testigos de alguna recóndita versión propia, identificándonos con sus temores y deseos.
Toda tu obra se transita al amparo de tu idoneidad. Elevados por tu palabra que sobrevuela lo escabroso y la ignominia, los más indignantes hechos -que, historiándolos, no eludís denunciar- y nos conmueve hondamente sin que la repulsión y el odio mancillen tus textos.
Esa perspectiva tuya, esa sagaz compasión, ese respeto, exhiben lo genial en lo popular, siempre en comunión con la tierra y con la gente.
A través de inusitados recursos, permitís una paroximación a la realidad tan vital y concreta como etérea y encantada.
Gracias por todo eso y mucho más, querido artesano de otra representación de la existencia con sus rudos impactos. Y en especial por ese estilo que permite al lector participar lo mejor de la literatura.
No hay en esta carta lugar para la palabra despedida, si para expresarte con entrañable afecto, hasta siempre querido Gabo.

Autor:
Nancy Botta
