Publicado en: 17/10/2025 Cristina Girardo Comentarios: 0
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El objetivo de este trabajo, en el segundo número de (En)tropí@ dedicado al boom latinoamericano es reflexionar en torno al papel de las mujeres escritoras durante dicho boom y su influencia en las escritoras contemporáneas. La literatura, en particular en Latinoamérica más allá de su función estética, en los años del boom brindará a los escritores de esa época un medio privilegiado para poder representar la realidad circundante, y para ir moldeando e influyendo en los roles sociales. La literatura escrita por mujeres no era inexistente en esa época; por el contrario, era más bien invisibilizada. Esto no solo por el grupo de escritores que se unían detrás de un proyecto común, sino también por la crítica literaria de aquel momento.

Las escritoras de la década de los años 1960-1970, ofrecían un espacio de resistencia y de reivindicación de las mujeres, que explícitamente se quiso ignorar, reforzando el patriarcalismo que reinaba en los movimientos literarios anteriores, que van a dejar cojo al boom por tal olvido.

Mientras que los autores masculinos del boom a menudo se centraban en la política, la identidad nacional y las estructuras de poder, escritoras como Rosario Castellanos y Elena Garro, por citar algunas de ellas introdujeron una perspectiva de género en sus obras, explorando las experiencias y luchas de las mujeres en una sociedad patriarcal. Esto añadía una dimensión personal y emocional que a menudo se pasaba por alto en las obras de los hombres.

Por otra parte, las obras de estas escritoras funcionaban como espacios de resistencia contra las normas establecidas. Mientras que autores como Mario Vargas Llosa criticaban estructuras políticas, las autoras introducían la resistencia desde el ámbito doméstico y personal, ampliando la crítica a diferentes aspectos de la vida cotidiana.

Rosario Castellanos, en sus obras “Balún Canán” explora la identidad femenina y las estructuras de poder en la sociedad mexicana, desafiando las normas patriarcales y dando voz a las mujeres indígenas.

Elena Garro, con su novela “Los recuerdos del porvenir”, desafía las narrativas tradicionales y critica abiertamente la política mexicana y el papel de las mujeres en la sociedad que no podían sólo estar destinadas al matrimonio.

 

“A Isabel le disgustaba que establecieran diferencias entre ella y sus hermanos. Le humillaba la idea de que el único futuro para las mujeres fuera el matrimonio. Hablar del matrimonio como una solución la dejaba reducida a una mercancia a la que había que dar salida a cualquier precio” (pág. 53).

 

Aunque el realismo mágico es un elemento central y común en las obras del boom, escritoras como Claribel Alegría lo utilizaron con un enfoque social, destacando las injusticias sociales y políticas, especialmente aquellas relacionadas con las mujeres y los grupos indígenas. Este enfoque añade una capa de crítica social que complementa los mundos fantásticos de autores como Gabriel García Márquez.

Como mencioné antes, durante el boom, la crítica literaria tendía a centrarse en las obras de los autores masculinos, lo que llevó a que las voces femeninas fueran subestimadas o ignoradas. Sin embargo, las escritoras de esa época abordaron temas de género y justicia social, creando un nicho dentro de la literatura que desafió las normas establecidas.

Estas escritoras inspiraron a una generación de autoras que exploran temas de identidad, género y política con una perspectiva fresca y contemporánea. Autoras como Valeria Luiselli y Samanta Schweblin continúan explorando temas complejos con un enfoque que combina lo personal con lo político.

Así mismo, influenciadas por el realismo mágico y las narrativas de resistencia del boom, las escritoras actuales a menudo combinan géneros y estilos para crear obras innovadoras que retan las convenciones literarias.

Sandra Lorenzano, por ejemplo escribe y nos introduce a través de sus relatos en cotidianos sociales que pueden ser temas como una dictadura militar, un exilio, un dolor por pérdidas de todo tipo, la muerte de mujeres, la violencia política, étnica y sexual, la herencia recibida de familia, la memoria como recurso o como reivindicación política para no olvidar. Invoca a los que padecieron destierros, migraciones. Escribir―con cuidado estilo― es para ella, no sólo un refugio, es más bien la necesidad de comunicar y generar algún tipo de consciencia. Ve la literatura como una herramienta válida para luchar contra problemas sociales que nos aquejan a todos. Al igual que otras como Samantha Schweblin y Mariana Enriquez, aunque con el uso de recursos literarios distintos, escriben para perturbar, para cuestionar, incluso como “acción política”, apelando a argumentos, en casos más racionales y realistas y en otros más inverosímiles. Cristina Girardo (2023).

 

Esta presencia actual de la mujer como autora y narradora de todo un universo femenino, paradójicamente las coloca como protagonistas de una vuelta del neorealismo mágico, onírico o gótico que más que la resurrección de un estilo refleja una realidad saturada de lo real (Winston Marique Sabogal, 2025).

En sus obras estas mujeres escritoras están redefiniendo el panorama literario al entrelazar lo cotidiano con lo extraordinario, generando narrativas que confrontan las convenciones tradicionales y ofrecen nuevas perspectivas sobre la experiencia femenina. Al igual que sus antecesoras lo mágico es una herramienta poderosa para explorar las complejidades de la identidad, la memoria y el deseo.

En el realismo mágico, lo mágico se presenta como un elemento intrínseco de la realidad cotidiana. Este estilo literario, ejemplificado por Gabriel García Márquez, fusiona lo extraordinario con lo ordinario de tal manera que lo sobrenatural se acepta como parte de la vida diaria, integrándose en la realidad objetiva.

Existe una fusión entre lo mágico del realismo cotidiano y lo del neorealismo mágico, aunque este último adopta un tono más oscuro e introspectivo. Ambos estilos están profundamente influenciados por el contexto social y político. Mientras que el realismo mágico clásico narra historias comunitarias y familiares, el neorealismo mágico se detiene más en el mundo interior de los personajes y sus luchas personales.

En Cien años de soledad, García Márquez entrelaza lo mágico con la vida diaria de la familia Buendía en el pueblo ficticio de Macondo. Eventos como la lluvia de flores amarillas o las levitaciones se presentan sin sorpresa, integrándose en la narrativa como elementos cotidianos. Por otro lado, en Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez, lo mágico y lo gótico exploran temas contemporáneos como la violencia y la desigualdad. El fuego aparece como un símbolo de resistencia femenina, y lo sobrenatural actúa como una metáfora de las ansiedades modernas. Ambos estilos presentan lo mágico como parte de la realidad, enriqueciendo la narrativa con elementos fantásticos que comentan sobre la condición humana.

Elena Garro es un excelente ejemplo de una escritora que utilizó elementos mágicos en su obra, ofreciendo una perspectiva única dentro del realismo mágico. Garro emplea lo mágico para explorar temas de tiempo, memoria y política en un pequeño pueblo mexicano. Su narrativa está llena de elementos sobrenaturales que se entrelazan con la vida cotidiana de los personajes, creando una atmósfera donde lo mágico se percibe como una parte inherente de la realidad. El tiempo en su novela es cíclico y no lineal, permitiendo que los eventos del pasado, presente y futuro coexistan e influyan mutuamente.

 

  • Y digame, Tomás, ¿ que dice la poesía?
  • Olvidada por todos, doña elvira solo yo, de cuando en cuando, le dedico algunas horas. Este es un país de analfebetos.

¿Qué se creerá este?, pensó enojada la señora, y guardó silencio. (pág. 69)

 

Garro utiliza lo mágico para reflejar y criticar las estructuras de poder y la opresión social, especialmente en el contexto de la Revolución Mexicana.

 

“Para nosotros, los indios es el tiempo infinito de callar” pág. 66

 

Asimismo, autoras como Samanta Schweblin y Mariana Enríquez emplean lo onírico y lo gótico para revelar las sombras que acechan en los rincones de la vida diaria, exponiendo las luchas internas y externas que enfrentan las mujeres. Sus historias no solo nos transportan a mundos donde lo imposible se hace posible, sino que también nos invitan a cuestionar las nociones preconcebidas de la realidad. Este resurgimiento literario es un testimonio del poder transformador de las voces femeninas, que, a través de sus cuentos y novelas, abren puertas a universos donde lo invisible se vuelve visible y lo inaudito, audible. En este sentido, el neorealismo mágico se convierte en un espejo que refleja no solo las aspiraciones y temores de las mujeres, sino también una sociedad en constante cambio.

En sus relatos, los elementos góticos y mágicos no solo sirven para generar misterio, sino que también actúan como metáforas de las realidades sociales y políticas que afectan a las mujeres. Por ejemplo, en el cuento que da título a la colección, Enríquez explora el tema de la violencia de género de una manera inquietante y poderosa, utilizando el fuego como símbolo de resistencia y transformación.

Además, hay un retorno al mestizaje o hibridación de géneros, donde en muchos casos se rompen las etiquetas literarias convencionales. Una serie de autoras de esta generación están produciendo una literatura particularmente interesante y desafiante.

Sandra Lorenzano, (20239 así lo manifiesta:

 

“Decía que en términos de mi propia creación literaria me ubico más desde una ruptura de géneros y una propuesta híbrida de géneros. Yo siempre digo que a mis novelas las llamamos “novelas” casi de cariño, para decirlo de una manera un poco irónica, porque me gusta mucho jugar con los géneros. Me gustan los géneros híbridos, me gusta la ruptura, me gusta la mezcla de géneros. Hace pocos días terminé de leer un texto de otra escritora, también argentina, que estuvo en la feria, en la FILUNI, que es Clara Obligado: su nuevo libro, que se llama Todo lo que crece. Naturaleza y escritura. Y es este género híbrido que es en parte ensayo, en parte narrativa, autoficción, prosa poética, un poco todo mezclado, el que se vincula con mi escritura”

 

Cuernavaca, Octubre de 2025

 

 

 

Autora:
Cristina Girardo

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