Publicado en: 16/02/2026 Alejandro Archain Comentarios: 0

Sentado a la mesa frente a la navaja dudó en estirar los dedos

finalmente lo hizo acariciando con las yemas el liso carey blanco

pensó tratando de ordenar algunos confusos recuerdos

y sólo sueltas imágenes se separaron más límpidamente

del torrente desparejo pensó una enorme ciudad en tarde aislada

una ciudad un bloque de espaldas a cualquier indigencia

una ciudad cualquiera Bogotá o Lima La Paz Montevideo

diversos rostros o bultos se cruzaron fantasmas tantas veces

convocados tal vez Buenos Aires pensó y sintió la nostalgia

de extrañar lo que se habita

los dedos empujaron un poco la navaja se sintió más tranquilo el ruido

de una estación de subterráneo lo asaltó sin aviso y lo tocó el frío

de una multitud aplastante la mano derecha jugó con la izquierda

durante algunos segundos y la salida del metro hacia el Zócalo

en ciudad de México se le trocó en una bocanada de aire de mar

en alguna costa que no conocía

que no conoceré pensó para evitar la mano en la navaja

mirar hacia atrás pensó provoca la inquietud

de lo que destruido acecha de lo que realizado socava

aquel mar horadando la costa construyendo

cavernas en las que podía meterse por una y salir por la otra

el avance continuo del mar sobre el tiempo cavando

hasta entrar en lugares imposibles el camino del Inca pensó

las alturas del Machu Pichu le dieron un verde enceguecedor a la mirada

el verde reflejado en el carey cambió el resplandor de la habitación vacía

en un rato pensó ya no habrá luz en la ventana y la oscuridad

la penumbra del cuarto será igual a la penumbra

de cualquier otro cuarto en cualquier ciudad conocida

o desconocida había ya bajado la mano desde la cabeza

hasta la mesa y los dedos estirados volvían a acariciar la navaja

el carey que ahora resaltaba ante la rápida disolución de la luz

en el cuarto los rincones pensó desaparecen primero los muebles

oscuros y las imágenes de los cuadros el marco de la ventana como límite

entre una soledad y la otra pasa a enmarcar la oscuridad externa

los últimos resplandores se reflejaban en su rostro mejor sería pensó

quedarse un rato a oscuras escuchar la respiración de los sitios

que lo atravesaban tratar de que algo como pensamientos

o sensaciones pudieran aquietarse aunque imposible pensó

porque lo inquietaría alguna campanada de la iglesia del pueblo

o el ladrido del perro atropellado por el camión de correos

en el empedrado del barrio lo inquietarían los dedos

de la infancia de Lima hurgando en las sobras de los platos

en los restaurantes de Miraflores lo inquietarían

los textos olvidados

el timbre del teléfono la oscuridad de afuera o de adentro

la de un hotel de Tucumán cuando desaparecen todas

las justificaciones cuando la energía del cuerpo entregó

todo y uno queda solo frente a sí mismo

como anhelo final que lo rescate

la multitud pensó empuja a uno a la soledad y se es

multitud continuamente empujando

había tomado la navaja con la mano izquierda

y la sostenía en la palma cuando se cruza

la Patagonia pensó a la altura de Altares la soledad

es menos arrogante y no lastima lo oscuro

lo oscuro pensó hace igual esta habitación a la de cualquier pueblo

ya no hay resplandor de la navaja pero se sabe su presencia

de la palma de la mano había pasado a los dedos y de allí de nuevo

a la mesa con un ruido que le iluminó los ojos la noche pensó

lo inquietaría la noche y el tiempo avanzaría sobre ella a pesar del sueño

aunque él durmiera a pesar suyo la noche caminaría

entonces lo inquietaría el día pensó

como la navaja.

 

*Del libro ¨El jardín y sus detalles¨, Alejandro Archain, Editorial Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, Argentina, 2004.-

 

Autor:
Alejandro Archain

 


Alejandro Archain (San Fernando, Provincia de Buenos Aires,1953)

Publicó El ojo y el sueño (poemas, Ed. Botella al Mar, 1982); A tientas (poemas, Ed. de Tierra Firme, 1987); Ciudad de paso (poema, Ed. de Tierra Firme, 1995); El jardín y sus detalles (poemas, Ed. de Tierra Firme, 2004); Deriva (poema, Paradiso, 2011); Las orillas de la palabra (poemas, Paradiso, 2014) y Querencia (poema, Paradiso, 2020). Junto con Gonzalo Álvarez y Carlos Díaz, Un editor de tres siglos. La vida y los libros de Arnaldo Orfila Reynal (Col. La vida y los libros, Eudeba, 2015). Trabajó en editoriales nacionales y extranjeras. De 2009 a 2018 dirigió la Filial argentina del Fondo de Cultura Económica. En la actualidad dirige EDUNTREF (Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero).

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