Sentado a la mesa frente a la navaja dudó en estirar los dedos
finalmente lo hizo acariciando con las yemas el liso carey blanco
pensó tratando de ordenar algunos confusos recuerdos
y sólo sueltas imágenes se separaron más límpidamente
del torrente desparejo pensó una enorme ciudad en tarde aislada
una ciudad un bloque de espaldas a cualquier indigencia
una ciudad cualquiera Bogotá o Lima La Paz Montevideo
diversos rostros o bultos se cruzaron fantasmas tantas veces
convocados tal vez Buenos Aires pensó y sintió la nostalgia
de extrañar lo que se habita
los dedos empujaron un poco la navaja se sintió más tranquilo el ruido
de una estación de subterráneo lo asaltó sin aviso y lo tocó el frío
de una multitud aplastante la mano derecha jugó con la izquierda
durante algunos segundos y la salida del metro hacia el Zócalo
en ciudad de México se le trocó en una bocanada de aire de mar
en alguna costa que no conocía
que no conoceré pensó para evitar la mano en la navaja
mirar hacia atrás pensó provoca la inquietud
de lo que destruido acecha de lo que realizado socava
aquel mar horadando la costa construyendo
cavernas en las que podía meterse por una y salir por la otra
el avance continuo del mar sobre el tiempo cavando
hasta entrar en lugares imposibles el camino del Inca pensó
las alturas del Machu Pichu le dieron un verde enceguecedor a la mirada
el verde reflejado en el carey cambió el resplandor de la habitación vacía
en un rato pensó ya no habrá luz en la ventana y la oscuridad
la penumbra del cuarto será igual a la penumbra
de cualquier otro cuarto en cualquier ciudad conocida
o desconocida había ya bajado la mano desde la cabeza
hasta la mesa y los dedos estirados volvían a acariciar la navaja
el carey que ahora resaltaba ante la rápida disolución de la luz
en el cuarto los rincones pensó desaparecen primero los muebles
oscuros y las imágenes de los cuadros el marco de la ventana como límite
entre una soledad y la otra pasa a enmarcar la oscuridad externa
los últimos resplandores se reflejaban en su rostro mejor sería pensó
quedarse un rato a oscuras escuchar la respiración de los sitios
que lo atravesaban tratar de que algo como pensamientos
o sensaciones pudieran aquietarse aunque imposible pensó
porque lo inquietaría alguna campanada de la iglesia del pueblo
o el ladrido del perro atropellado por el camión de correos
en el empedrado del barrio lo inquietarían los dedos
de la infancia de Lima hurgando en las sobras de los platos
en los restaurantes de Miraflores lo inquietarían
los textos olvidados
el timbre del teléfono la oscuridad de afuera o de adentro
la de un hotel de Tucumán cuando desaparecen todas
las justificaciones cuando la energía del cuerpo entregó
todo y uno queda solo frente a sí mismo
como anhelo final que lo rescate
la multitud pensó empuja a uno a la soledad y se es
multitud continuamente empujando
había tomado la navaja con la mano izquierda
y la sostenía en la palma cuando se cruza
la Patagonia pensó a la altura de Altares la soledad
es menos arrogante y no lastima lo oscuro
lo oscuro pensó hace igual esta habitación a la de cualquier pueblo
ya no hay resplandor de la navaja pero se sabe su presencia
de la palma de la mano había pasado a los dedos y de allí de nuevo
a la mesa con un ruido que le iluminó los ojos la noche pensó
lo inquietaría la noche y el tiempo avanzaría sobre ella a pesar del sueño
aunque él durmiera a pesar suyo la noche caminaría
entonces lo inquietaría el día pensó
como la navaja.
*Del libro ¨El jardín y sus detalles¨, Alejandro Archain, Editorial Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, Argentina, 2004.-

Autor:
Alejandro Archain
Alejandro Archain (San Fernando, Provincia de Buenos Aires,1953)
Publicó El ojo y el sueño (poemas, Ed. Botella al Mar, 1982); A tientas (poemas, Ed. de Tierra Firme, 1987); Ciudad de paso (poema, Ed. de Tierra Firme, 1995); El jardín y sus detalles (poemas, Ed. de Tierra Firme, 2004); Deriva (poema, Paradiso, 2011); Las orillas de la palabra (poemas, Paradiso, 2014) y Querencia (poema, Paradiso, 2020). Junto con Gonzalo Álvarez y Carlos Díaz, Un editor de tres siglos. La vida y los libros de Arnaldo Orfila Reynal (Col. La vida y los libros, Eudeba, 2015). Trabajó en editoriales nacionales y extranjeras. De 2009 a 2018 dirigió la Filial argentina del Fondo de Cultura Económica. En la actualidad dirige EDUNTREF (Editorial de la Universidad Nacional de Tres de Febrero).
