Publicado en: 16/02/2026 Alejandro Álvarez Gardiol Comentarios: 0

Los sujetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos, aunque lo tuviesen, no acertaron a lograrle. Fueron dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre: tienen las cosas su vez, hasta las eminencias son al uso. Pero lleva una ventaja el sabio, que es eterno, y si éste no es su siglo, otros lo serán.

Baltasar Gracián. Oráculo manual y Arte de Prudencia[1]

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Edgar Allan Poe, una de las figuras más influyentes de la literatura universal, nació el 19 de enero de 1809 en Boston, Estados Unidos. Autor de culto, ocupa una posición privilegiada en el canon de la literatura occidental: precursor del cuento moderno, maestro del terror psicológico y padre del relato detectivesco. Su vida personal estuvo marcada por la tragedia, la pobreza y la inestabilidad emocional, factores que influyeron profundamente en su obra. Su padre abandonó a la familia y su madre murió cuando él no había cumplido aún tres años. Fue acogido por John Allan, un comerciante de Richmond, aunque nunca fue adoptado formalmente. La relación entre ambos fue conflictiva, especialmente por los problemas económicos y la falta de apoyo de su tutor hacia la vocación literaria del joven. Pero Frances, la esposa de John, asumió el rol de madre adoptiva; adoraba al niño, que desde pequeño demostraba una inteligencia excepcional, leía a los poetas ingleses y le apasionaban los cuentos de terror.

Por motivos comerciales, la familia viajó a Gran Bretaña. Vivieron primero en Escocia y luego en Inglaterra. Los castillos antiguos, las ruinas medievales y el clima frío y brumoso influyeron posiblemente en su preferencia por lo macabro, lo psicopatológico y lo sobrenatural, pero con un enfoque más racional y analítico. La educación británica reforzó en Poe la idea de que el terror más eficaz es el intelectual.

En su juventud practicó deportes con entusiasmo, era competitivo y desarrolló una autodisciplina que luego trasladó a su rigor literario. Esta faceta atlética contrasta con la imagen del Poe frágil y enfermizo que conocemos.

De regreso a Estados Unidos, escribió poemas emulando a Lord Byron. Por aquellos tiempos conoció a su primer amor imposible, Jane Stanard, la madre de un compañero, a quien Poe llama Helen en sus poemas. Cuando ella murió, él visitaba por las noches su tumba. La mujer amada muerta es para el poeta el ideal supremo de la belleza y un motivo constante de inspiración.

En 1826 ingresó a la Universidad de Charlottesville (Virginia). Fue un alumno sobresaliente: estudió y tradujo literatura clásica y moderna, e incursionó en historia, matemáticas, astronomía, poesía y novela, ganándose la admiración de profesores y condiscípulos. Por otro lado, contrajo deudas de juego y comenzó a beber. Cortázar, un estudioso del poeta, escribió: “El clima de la Universidad era tan favorable como el de una taberna: Poe jugaba, perdía casi invariablemente, y bebía”.

Las confrontaciones con su padre adoptivo, los problemas económicos y sus amores perdidos contribuyeron a su tendencia autodestructiva. Sarah Elmira Royster fue su primer amor juvenil correspondido, pero el padre de la joven se encargó de alejarla y, poco después, ella se casó con un exitoso empresario.

Poe dejó la Universidad en 1827 para alistarse en el ejército, buscando estabilidad ante la falta de alternativas, sin embargo, luego de dos años de buen desempeño, debido a su deseo constante de ser escritor, lo abandonó. Por consejo de su padre adoptivo, en 1830 ingresó a la Academia Militar de West Point, pero fue expulsado por incumplimiento de sus deberes y se dedicó por completo a la escritura, dirigiendo sus esfuerzos a la prosa. Con la escritura de relatos y crítica literaria para algunos periódicos de la época, llegó a adquirir cierta notoriedad por su estilo cáustico y elegante.

En 1836 se casó con su prima Virginia Clemm, quien tenía solo 13 años. Esta fue su relación más estable y afectiva. La enfermedad y muerte de Virginia por tuberculosis en 1847 lo devastaron emocionalmente y profundizaron su depresión. Dos años antes, como un presagio, publicó su célebre poema El cuervo.

Tuvo relaciones con las poetisas Frances Osgood y Sarah Whitman. Finalmente, se reencontró con Sarah Elmira Royster, que también había quedado viuda, y reanudaron una relación amorosa que quedó truncada por la repentina muerte de Poe, el 7 de octubre de 1849, en circunstancias misteriosas: fue hallado inconsciente en las calles de Baltimore.

Edgar Allan Poe fue un hombre profundamente marcado por el dolor, y también un escritor extraordinariamente lúcido. Escribió durante el Romanticismo estadounidense en su vertiente más oscura: el Romanticismo oscuro (Dark Romanticism). Su vida personal explica en gran parte la oscuridad de su obra, pero su genialidad se confirma en su legado literario, su innovación y vigencia.

 

 

“El tonel de amontillado”[2],  una impresión personal                    

 

Lo leí en los años 70, por el fervor que el poeta norteamericano había suscitado en autores de la talla de Borges, Cortázar y Castillo, maestros del cuento, quienes lo reconocían como una de las figuras más influyentes de la literatura universal.

Poe fue el padre del relato policial; Borges destacaba su precisión y economía narrativa y, si bien era crítico del romanticismo excesivo de Poe, lo consideraba uno de los fundadores de la ficción moderna.

Cortázar, para quien el cuento debía ganar por nocaut, estudió en profundidad su vida y obra, y lo tradujo al español. Sostenía que Poe abrió la puerta a una literatura donde lo cotidiano puede volverse inquietante sin explicación clara. Casa tomada o Axolot son cuentos de Cortázar en los que se adivina esa influencia.

Abelardo Castillo escribió en 1964 la pieza de teatro Israfel, drama en dos actos y dos tabernas, sobre la vida de Edgar Poe. Sagaz estudioso de su obra, fundó, junto a Liliana Hecker, la revista literaria El escarabajo de oro (1961-1974), título de otro cuento de Poe.

También la música me llevó a su encuentro: en 1976 conseguí el disco Cuentos de Misterio e Imaginación: Edgar Alan Poe, obra del músico británico Alan Parsons. Caí atrapado vivo en la telaraña Poe mientras lo escuchaba una y otra vez. “El tonel de amontillado” es la pista número cuatro, vale la pena demorarse en escuchar la música y el ritmo del relato en inglés.[3]

En la biblioteca de casa me esperaba un libro finamente encuadernado: Novelas y Cuentos de Edgar Poe, editado en París por los hermanos Garnier, traducido por Carlos Olivera en 1884. Luego del Prólogo siguen treinta páginas maravillosas de Charles Baudelaire, su hermano espiritual y ferviente divulgador de sus cuentos y poemas en Francia: Edgar Poe, su vida y sus obras.

La primera leída me resultó inquietante: una venganza premeditada que se define con un final de crueldad siniestra. Después me fui desencantando en las siguientes lecturas y busqué algún secreto inadvertido, situándome en la época en la cual fue escrito. Tal vez habían sido demasiadas mis expectativas. No entendía la fama de este cuento, esa “obra maestra del relato breve de atmósfera opresiva, estructura cerrada y penetración psicológica” que, lejos de provocarme angustia, terror o, menos aún, opresión, me pareció un relato que roza lo ingenuo y, hasta por momentos, gracioso. Me divertía imaginando al desafortunado Fortunato, disfrazado y borracho, siguiendo dócilmente las gentiles indicaciones de un psicópata que relata sin remordimientos el descenso hacia las oscuras catacumbas para ejecutar un crimen perfecto perpetrado cincuenta años antes.

Tengamos presente que, a mediados del siglo XIX, en Estados Unidos, la expectativa de vida promedio para un hombre blanco era, con suerte, de poco más de 50 años. Es decir que el relator, entre otras cosas, era muy longevo para esos tiempos.

Algunas consideraciones, dejando en claro que no tengo experiencia en crítica literaria:

 

  1. Ser enterrado (o emparedado) vivo debe ser horripilante. Pero también hay crueldad en los ancestrales cuentos que nos leían para dormir: “Genoveva de Brabante”, “Caperucita Roja”, “Hansel y Gretel”, “Pedro y el lobo”, “Blancanieves”, etc. Claro que el lenguaje en “El tonel…” cuenta con la pluma erudita de Poe y no hay final feliz.
  2. El pretendido efecto nocaut se ve amortiguado, ya que el relator nos advierte desde el inicio que planea asesinar a Fortunato, pero es cierto que la manera en que el crimen se comete es escalofriante.
  3. La ausencia total de una causa concreta para la venganza de Montresor puede interpretarse como una estrategia para subrayar la locura o la condición de narrador no fiable. ¿Fue por honor o por envidia? ¿Ocurrió, acaso? La confesión hecha medio siglo después podría ser una fantasía producto del deseo de suprimir a Fortunato.
  4. El homicidio se comete sin el menor obstáculo: Fortunato cae en la trampa sin oponer resistencia alguna. Su credulidad, su vanidad profesional y su borrachera lo convierten en un personaje caricaturesco. La perfección del crimen resulta poco convincente: sin testigos, sin consecuencias sociales ni legales, y sin remordimiento. El mal no se problematiza, simplemente se ejecuta con flema inglesa, piedra sobre piedra. Una pared en la que aparecen fisuras por las que asoma el delirio.
  5. Ciertos elementos, como el escudo de armas o el lema familiar, son expuestos de manera explícita, como si Poe no hubiera confiado en la capacidad del lector para inferir significados. Lejos de sugerir, los subraya.
  6. Es muy eficaz que el narrador sea protagonista. Poe construye un relato de venganza fría y calculada, en el que el horror no surge de lo sobrenatural, sino de la mente humana y de la aparente normalidad del crimen. Destaco a ese relator en primera persona, ya que un omnisciente restaría potencia y originalidad al cuento.

 

Producto de su tiempo, “El tonel de amontillado” mantiene su fuerza estética y su eficacia narrativa, pero no está exento de debilidades. Su simplificación psicológica, la ingenuidad de ciertos comportamientos y la ausencia de consecuencias convierten el relato, por momentos, en una construcción casi naíf y, en algunos pasajes, poco verosímil.

Me resulta uno de los cuentos menos atractivos de Poe, pero no puedo dejar de pensar en esa historia, no apta para claustrofóbicos, toda vez que me invitan con una copa de un vino muy especial.

Por último, aun sin entender una palabra, podemos escuchar el relato en inglés[4] e intentar descubrir la musicalidad y el ritmo que Poe procuraba en su escritura.

 

Leer cuento

 


Autor:
Alejandro Álvarez Gardiol

 

4 El cuento en su idioma original, leído por Christopher Lee: https://youtu.be/-Q341Ip_lL4?si=3ovaBsCZxGdp3sLg

[1] Epígrafe del libro Hombres en su siglo, de Octavio Paz (1984).

[2] El cuento traducido por Julio Cortázar se puede leer en:

https://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/ObrasClasicas/_docs/TonelAmontillado.pdf

[3] Video en YouTube: https://youtu.be/RuS2pkzy1Mk 

Disco completo en Spotify: https://open.spotify.com/album/0ICEGX26wNqIKLmWRpZxwx?si=mxe5yCN1QCSUuWgZmg3lZw

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