Publicado en: 03/12/2023 Cristina Girardo Comentarios: 0

La lista de escritores olvidados por los premios Nobel de Literatura es inmensa, y crece cada año. Basta mencionar a Milan Kundera, Salman Rushdie, Umberto Eco, Philip Roth, Thomas Pynchon, entre muchos otros que fueron mencionados como candidatos para recibirlo pero nunca obtuvieron tan prestigiosa distinción.

Como es sabido, este premio es un galardón que se otorga todos los años a investigadores, científicos y personalidades del área de la cultura. Abarca las siguientes categorías: física, química, medicina, literatura y paz. Fue creado en 1985 por Alfred Nobel, quien destinó su fortuna a la entrega de esta distinción que goza de gran prestigio y enorme difusión internacional y año tras año se materializa en una medalla de oro, un diploma y una suma de dinero.

Sin entrar en las otras disciplinas –sólo nos referiremos aquí al Nobel de Literatura–, es casi un lugar común atribuir la negación de este reconocimiento a motivos políticos. El caso más emblemático lo representó Jorge Luis Borges, quien fue nominado ya en 1967 aunque nunca llegó a ganarlo. Nadie ignora a estas alturas su simpatía por dictadores latinoamericanos, su posición crítica ante la literatura comprometida y el carácter conservador que no ocultaba en sus múltiples entrevistas, pero con la desclasificación de los archivos de la Academia se supo que fue precisamente un discurso pronunciado por Borges al recibir un doctorado honoris causa en la Universidad de Chile, donde elogió a Augusto Pinochet, uno de los motivos determinantes para su exclusión.

María Esther Vázquez, sin embargo, lo desmiente y afirma que las razones por las cuales Jorge Luis Borges no recibió el Nobel el año en que fue otorgado a Miguel Asturias no obedecen a motivos políticos sino a una “vendetta” por parte de un miembro de la Academia. En su libro Borges, esplendor y derrota, publicado en 1996 por Tusquets, cuenta que en una cena institucional, luego de recitar poemas escritos por un miembro de la academia sueca, Arthur Lundkist, Borges se burló del autor delante de todos los presentes, y que, enterado éste de lo ocurrido, nunca se lo perdonó. Por supuesto, la Academia asegura que no influyen cuestiones ideológicas ni de índole personal en la decisión final para otorgar el premio.

Esta anécdota se halla en sintonía con otra que explica el motivo por el cual Philip Roth tampoco llegó a obtener el Nobel. Según afirma Claudio López de Lamadrid, director editorial de Penguin Random House, había un miembro prominente de la Academia que lo detestaba y sistemáticamente boicoteaba su candidatura. Aunque a esto agrega que “a la Academia le gusta que sean progres, conservadores o de extremo centro, y Roth no era fácil de clasificar”.

Este argumento, vinculado a ideologías comprometidas con posiciones conservadoras, a la vez hace agua si pensamos, por ejemplo, en Camilo José Cela, español (autor de obras como La Familia de Pascual Duarte o La colmena, ambas de gran valor literario) que sí obtuvo el Nobel a pesar de haber ejercido como censor en los años más duros de la dictadura del general Franco.

Pensemos ahora en el caso del escritor japonés Haruki Murakami, también candidato en reiteradas ocasiones y hasta ahora no seleccionado. Nacido en Kioto en 1949, conocido a nivel internacional, sus obras han sido traducidas a cincuenta idiomas, goza de una aceptación notable por parte de la prensa y ha recibido otros premios literarios, entre ellos el Princesa de Asturias de las Letras 2023. En palabras del jurado, la distinción se debe a que la suya es una narrativa “ambiciosa e innovadora que ha sabido expresar la soledad, la incertidumbre existencial, la deshumanización de las grandes ciudades, el terrorismo, pero también el cuidado del cuerpo o la propia reflexión sobre el quehacer creativo”.

Hasta el momento, la exclusión de Murakami por parte de la Academia no parece deberse a razones políticas y tampoco a causas pendientes con sus miembros.

Un argumento esgrimido al respecto tiene que ver con que algunos autores son considerados demasiado “exclusivos y eruditos” y no representan a la mayoría de los lectores. Es evidente que esto no aplica a Murakami por su popularidad, y por su profuso trabajo que cuenta con las traducciones al japonés de autores como Raymond Carver, John Irving o F. Scott Fitzgerald. Murakami ha reinventado la narrativa japonesa, hace literatura pop, es un japonés atípico que juega entre lo mítico y lo onírico y sus novelas son como una espiral sin un desenlace cerrado. Las realidades cotidianas se ven alteradas por hechos extraordinarios ocurridos en realidades paralelas y su creatividad representa un recurso literario que demuestra manejar de manera original, atrapando a los lectores con una ficción en la que juegan lo real y lo fantástico.

Murakami es considerado el escritor japonés más leído de su generación, sus títulos alcanzan la condición de best sellers poseyendo una legión de lectores devotos que aguardan la publicación de nuevos libros.

Para concluir, cabe preguntarnos si se venderán más sus libros o aumentará su fama en caso de ganar el premio Nobel, si los grandes escritores precisan de premios para que se los lea y su obra perdure. Es probable que autores como Murakami “no necesiten de premios para perdurar y que se los lea”. En una entrevista concedida en 2016 a un diario alemán Murakami expresaba: “Me alegra de verdad que los lectores aprecien mis libros, pero cualquier forma de condecoración es para mí una carga”. Cuando se celebró el “Premio Nobel Alternativo de Literatura, que se lleva a cabo en Suecia, organizado por los bibliotecarios, al ser seleccionado por gente de todo el mundo como candidato para recibirlo, Murakami declaró en un correo electrónico: “Es un gran honor para mí, pero prefiero concentrarme en escribir, y estar lejos de la atención de los medios de comunicación”, solicitando que se retirara su candidatura.

Para concluir parece claro que sus lectores necesitan de su obra  y, cada año, renuevan sus esperanzas frente al trabajo del autor.

 

 

Autora:
Cristina Girardo

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