
(6 de marzo de 1927, Aracataca, Colombia – 17 de abril de 2014, México D.F.)
Aracataca… ¿Abracadabra?
Abracadabra es una palabra mágica que puede ser pronunciada en todos los idiomas, no requiere traducción. Y contiene cinco veces la letra a como única vocal, condición que solo existe en Aracataca. Pareciera una predestinación de quien dedicó su vida a escribir con prosa poética y seductora historias cotidianas atravesadas por el absurdo, la ironía y la magia. La mañana del 6 de marzo de 1927, en aquella casona del Caribe colombiano, en un instante único, Aracataca y Abracadabra se fundieron como un hechizo: el nombre del pueblo devino en un encantamiento, y el pequeño mago Gabriel supo que las palabras pueden abrir portales.
Escribimos guiados por esa magia algunos aspectos relevantes en la vida del escritor, periodista y guionista colombiano, considerado uno de los más grandes narradores del siglo XX y figura central del realismo mágico y del Boom latinoamericano.
La infancia de García Márquez estuvo profundamente marcada por la influencia de sus abuelos maternos, Nicolás Ricardo Márquez Mejía (coronel retirado) y Tranquilina Iguarán Cotes. De ellos heredó un vasto repertorio de historias orales, leyendas populares y supersticiones que, junto con el ambiente exuberante y a menudo violento del Caribe colombiano, constituirían el sustrato primigenio de su universo literario. Esta impronta se manifestaría de manera elocuente en la construcción de Macondo, el espacio mítico que sirve de epicentro a su obra cumbre, Cien años de soledad (1967).
Su maestra de primaria en el Colegio María Montessori de Aracataca fue Rosa Elena Fergusson, a quien agradeció en varias ocasiones por haberle enseñado a amar la literatura.
En 1938 se trasladó con sus padres a Barranquilla, donde siguió la primaria y parte del bachillerato.
Sus estudios universitarios, inicialmente de derecho en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá y luego en la Universidad de Cartagena, fueron intermitentes y finalmente abandonados en favor de su verdadera vocación: el periodismo. Esta disciplina le brindó una sólida formación en la observación, la investigación y la concisión narrativa, habilidades que puliría en redacciones como El Universal de Cartagena, El Heraldo de Barranquilla y El Espectador de Bogotá. Su faceta periodística no fue un mero trampolín para la ficción, sino un campo de experimentación y compromiso político. Crónicas como Relato de un náufrago (1955) y Crónica de una muerte anunciada (1981) revelan ya una imbricación entre el reportaje fidedigno y la imaginación desbordante que caracterizaría su producción posterior.
Los textos de raíz periodística de García Márquez se inscriben en dos de las grandes corrientes de la escritura americana del siglo XX: la renovada narrativa hispanoamericana de mediados de siglo, y el nuevo periodismo norteamericano de los años sesenta. Ambas tendencias remiten en buena medida a la novela realista de autores estadounidenses que alcanzaron la madurez literaria después de la Primera Guerra Mundial: Hemingway, Faulkner, Steinbeck, Dos Passos, Thomas Wolfe.
Gabo describía su rutina en Colombia: terminar de escribir en el periódico a la 1 a.m., dedicarse a un poema o cuento hasta las 3 a.m., y después salir con amigos. En una conferencia en 1996 definió el periodismo como una pasión voraz cargada de realidad y responsabilidad moral.
Se casó en 1958 con Mercedes Barcha, quien fue una presencia clave en su carrera, incluso contribuyendo a financiar el envío de Cien años de soledad a su editorial (ver más adelante). Tuvieron dos hijos: Rodrigo (director de cine) y Gonzalo (diseñador gráfico). Uno de sus nietos, Mateo García Elizondo, es ahora uno de los más destacados escritores jóvenes de lengua española.
Viajó a Europa por primera vez en 1955, y pasó cuatro años viviendo en Ginebra, Roma y París. Durante su estadía en Francia atravesó dificultades económicas. Allí escribió El coronel no tiene quien le escriba y La mala hora (publicadas en 1961 y 1962, respectivamente). Regresó a América y se instaló temporalmente en Venezuela, donde retomó una intensa actividad periodística que coincidió con la escritura de los relatos de Los funerales de la Mamá Grande (1962). Tras pasar unos meses en Cuba, donde acababa de triunfar la revolución, y luego de vivir un tiempo en Nueva York como corresponsal, decidió establecerse en México. Allí trabajó en publicidad y escribió su primer guion para el cine, El gallo de oro, en colaboración con Carlos Fuentes. Unos años después, en 1967, publicó su obra más conocida, y a cuya escritura dedicó más de un año de intenso trabajo: Cien años de soledad. El éxito fue inmediato, agotándose la primera edición en apenas unos días. Para alejarse de la fama decidió ir a Barcelona, donde vivió de 1968 a 1974. Allí escribió El otoño del patriarca (publicado en 1975), una fábula barroca sobre el poder absoluto, y cuentos como Isabel viendo llover en Macondo (1968). También publicó el libro Relato de un náufrago (1970). En los años sucesivos alternó su residencia entre México, Cartagena de Indias, La Habana y París. En 1982 recibió el Premio Nobel de Literatura. Más tarde publicó El amor en los tiempos del cólera (1985), oda al amor tardío e incondicional, El general en su laberinto (1989) y Doce cuentos peregrinos (1992). En ese tiempo participó también en la fundación de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba). Siguieron Del amor y otros demonios (1994) y Noticia de un secuestro (1996). En 2002 apareció Vivir para contarla, obra en la que relata aspectos biográficos de su infancia y juventud. Sus últimos libros publicados son Memoria de mis putas tristes (2004) y Yo no vengo a decir un discurso (2010).
La novela En agosto nos vemos –escrita en 2004 y que el autor había querido destruir– fue publicada en 2024 por sus hijos al cumplirse los diez años de su muerte. El relato sigue a una mujer de mediana edad que visita una isla y cada año toma un amante por una noche en honor a su madre fallecida. Su familia consideró que, aunque no está terminada, conserva su “prosa reconocible y su entendimiento íntimo de la naturaleza humana”.
Cien años de soledad
Esta novela, publicada en 1967, significó un verdadero sismo en el panorama literario mundial. A través de la saga de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones, García Márquez no solo construyó un monumento narrativo, sino que también ofreció una lectura alegórica de la historia latinoamericana, desde la fundación mítica hasta la desintegración moderna, pasando por la violencia política, las intervenciones extranjeras y la eterna recurrencia de la soledad. La novela fue un éxito arrollador, tanto de crítica como de público, y consolidó la posición de García Márquez como una figura central del Boom latinoamericano. La crítica internacional la celebró como una obra maestra, y pronto se tradujo a múltiples idiomas. El realismo mágico, aunque ya presente en autores como Alejo Carpentier y Juan Rulfo, encontró en García Márquez su máxima expresión.
La violencia eterna en Colombia
Durante el siglo XIX, después de las guerras de la Independencia, siguieron las guerras civiles de 1859, 1876 y 1885, promovidas por conflictos económicos, religiosos, y políticos. La Guerra de los Mil Días de 1899-1902 fue la lucha para derrocar la hegemonía conservadora, la cual estuvo en el poder hasta 1930. En su autobiografía Vivir para contarla (2002: 459) dice García Márquez: “porque ya desde entonces los colombianos nos matábamos los unos a los otros por cualquier motivo, y a veces los inventábamos para matarnos”. Ningún escritor colombiano ha narrado con tanto acierto histórico esos episodios bélicos, a través del testimonio oral de su abuelo Nicolás Márquez, quien participó en la Guerra de los Mil Días y sirvió de inspiración al joven Gabriel para la redacción de sus primeras obras literarias.
En las últimas tres décadas del siglo XX y comienzos del siglo XXI, la secuencia interminable de violencia en el territorio colombiano, reactivada por el narcoterrorismo, genera la más grave situación de inseguridad, la cual es narrada en Noticia de un secuestro (1996). Dijo el autor: “Para todos los protagonistas y colaboradores va mi gratitud tierna por haber hecho posible que no quedara en el olvido este drama bestial, que por desgracia es sólo un episodio del holocausto bíblico en que Colombia se consume desde hace más de veinte años. A todos ellos lo dedico, y con ellos a todos los colombianos –inocentes y culpables– con la esperanza de que nunca más nos suceda este libro”.
Los médicos
La medicina y la enfermedad están presentes en toda su obra ficcional, desde el desarrollo argumental, el retrato de personajes (médicos y enfermos), la descripción de las patologías, sus diagnósticos tanto de fábula como otros de corte muy realista, y los tratamientos científicos o los de honda raigambre indígena. Toma a la enfermedad como un recurso literario para situar a sus personajes en un estado de desvalimiento que los describe en sus debilidades y fortalezas extremas. Y con lo epidémico exhibe los males sociales y denuncia la injusticia estructural con recursos simbólicos.
Existe un paralelismo entre la vida y la obra de ficción de Gabriel García Márquez. Dijo el autor: “No hay una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real”. En sus obras, los médicos no solo son personajes, sino que también actúan como símbolos de las débiles fronteras entre la ciencia y la magia, la razón y la superstición. Ejemplos de esto son el doctor Juvenal Urbino en El amor en los tiempos del cólera y el doctor Octavio Giraldo en El coronel no tiene quien le escriba. Estos personajes encarnan la lucha por entender y tratar lo inexplicable.
El tema se desarrolla en profundidad en el libro Los médicos de Macondo, de Juan Valentín Fernández de la Gala.
El Nobel
Gabriel García Márquez recibió oficialmente el Premio Nobel de Literatura el 10 de diciembre de 1982, en Estocolmo. La entrega fue hecha por el profesor Lars Gyllensten, de la Academia Sueca, como reconocimiento a su obra, donde lo fantástico y lo real confluyen en un universo narrativo emblemático del continente latinoamericano. En la ceremonia, “Gabo” eligió un liquilique blanco (ropa tradicional de ciertos países latinoamericanos) acompañado de botas negras, lo que lo convirtió en el único laureado que no vistió el smoking formal, al que consideraba un “traje de muerto”. Su presencia causó sorpresa y pequeñas críticas, pero reafirmó su compromiso con una identidad cultural auténtica. Sin embargo, al día siguiente sí usó frac en una cena con la realeza sueca.
El Boom latinoamericano
Aunque la literatura femenina fue la gran olvidada en el Boom, hubo una mujer sin cuyo esfuerzo y dedicación este fenómeno literario no habría sido posible. Carmen Balcells es considerada la agente literaria en lengua española más importante del siglo
- Fue ella quien profesionalizó el mundo editorial y dio impulso al boom latinoamericano. Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Pablo Neruda, Mario Vargas Llosa, entre los más frecuentados. Este último la apodó “la Mamá Grande de la novela latinoamericana”. La novela de Gabo Del amor y otros demonios está dedicada a ella, quien le consiguió el primer editor: “Para Carmen Balcells bañada en lágrimas”.
Si en las calles de América Latina hervían las ideas revolucionarias, precisamente revolucionar la literatura misma era el objetivo de los escritores del Boom. La originalidad, tanto en la forma como en la estética, fue parte del sello de identidad del Boom, que tanto en novela como en cuento fue un movimiento de vanguardia. No hay más que pensar en la estructura novedosa de Rayuela y sus múltiples modos de ser leída, o en los diversos mundos de cualquier obra de García Márquez.
El realismo mágico en la obra de Gabriel García Márquez
El realismo mágico es una de las características del Boom: una ruptura de los límites espacio-temporales con historias que, a la vez, valiéndose de lo que podría denominarse fantasía, relataban una realidad política, histórica y social cruda. Todo ello con un modo también novedoso en el lenguaje, plagado de neologismos, juegos de palabras y el uso de la lengua vernácula, que sin duda logra pintar con una paleta de colores mucho más amplia a sus personajes y acercar al lector otras realidades.
El realismo mágico en la obra de Gabriel García Márquez se define por la combinación de elementos realistas y fantásticos que irrumpen en el relato de manera natural y sin sorpresa, creando un ambiente único y onírico. Esta característica se manifiesta de diversas maneras a lo largo de sus novelas, cuentos y relatos, como:
– La normalización de lo fantástico: eventos y situaciones sobrenaturales se presentan como normales y cotidianos, sin generar sorpresa o cuestionamiento en los personajes:
* La lluvia de flores amarillas que ocurre en la novela Cien años de soledad después de la muerte de José Arcadio Buendía en Macondo. Ej.: “Entonces entraron al cuarto de José Arcadio Buendía, lo sacudieron con todas sus fuerzas, le gritaron al oído, le pusieron un espejo frente a las fosas nasales, pero no pudieron despertarlo. Poco después, cuando el carpintero le tomaba las medidas para el ataúd, vieron a través de la ventana que estaba cayendo una llovizna de minúsculas flores amarillas. Cayeron toda la noche sobre el pueblo en una tormenta silenciosa, y cubrieron los techos y atascaron las puertas, y sofocaron a los animales que durmieron a la intemperie”.
* La irrupción, en la novela La Hojarasca, de una tormenta extraña que arrasaría con su ímpetu a un pueblo llamado Macondo. Ej.: “De pronto, como si un remolino hubiera echado raíces en el centro del pueblo, llegó la compañía bananera perseguida por la hojarasca. Era una hojarasca revuelta, alborotada, formada por los desperdicios humanos y materiales de otros pueblos… Todo lo contaminaba de su revuelto olor multitudinario, olor de secreción a flor de piel y recóndita muerte”.
*En el cuento Un señor muy viejo con unas alas enormes, un anciano desaliñado aparece en el gallinero de una casa portando un par de alas muy sucias. Tendido en el suelo, y sin poder pedir ayuda, pues habla sólo latín, sólo parece esperar la muerte. El hecho insólito está contado con tanta naturalidad que parece real. Ej: “Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y la llevó hasta el fondo del patio. Ambos observaron el cuerpo caído con un callado estupor. Estaba vestido como un trapero. Le quedaban apenas unas hilachas descoloridas en el cráneo pelado y muy pocos dientes en la boca, y su lastimosa condición de bisabuelo ensopado lo había desprovisto de toda grandeza.
Sus alas de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas, estaban encalladas para siempre en el lodazal”.
- La mezcla de tiempos y espacios: la narrativa a menudo combina diferentes momentos históricos y espacios físicos, creando un sentido de atemporalidad y ubicuidad. Ejemplo: la estructura cíclica de Cien años de soledad.
- La personificación de objetos y fenómenos naturales: objetos y fenómenos naturales adquieren características humanas y juegan roles activos en la narrativa.
Cien años de soledad, El otoño del patriarca y El amor en los tiempos del cólera son ejemplos paradigmáticos del realismo mágico en la obra de García Márquez. Este estilo literario le permitió explorar temas como la historia, la cultura, la identidad y la condición humana de una manera original.
En El amor en los tiempos del cólera, el realismo mágico se manifiesta de varias maneras. Algunos detalles notables incluyen:
- La longevidad y vitalidad de Florentino Ariza, quien vive más de 80 años y mantiene su pasión y vitalidad a lo largo de la novela, lo que puede considerarse un elemento mágico que trasciende la realidad ordinaria. Ej: “Ella [Fermina Daza] se complació en verlo a plena luz del día tal como lo había imaginado en la oscuridad: un hombre sin edad, de piel oscura, lúcida y tensa como un paraguas abierto, sin más vellos que los muy escasos de las axilas y el pubis. Estaba con la guardia en alto y ella se dio cuenta de que no se dejaba ver el arma por casualidad, sino que la exhibía para darse valor. Ni siquiera le dio tiempo a quitarse la camisa de dormir que se había puesto cuando empezó la brisa del amanecer, y su prisa de principiante le causó a ella un estremecimiento de compasión”.
- La descripción poética y simbólica de la ciudad y el río: El amor en los tiempos del cólera contiene una gran cantidad de descripciones líricas y simbólicas de la ciudad de Cartagena y el río Magdalena, que se convierten en personajes vivos y adquieren un significado mágico. Ej: “Navegaban muy despacio por un río sin orillas que se dispersaba entre playones áridos hasta el Pero al contrario de las aguas turbias de la desembocadura, aquellas eran lentas y diáfanas, y tenían un resplandor de metal bajo el sol despiadado… Los micos con sus gritos de locos se habían ido muriendo a medida que se le acababan las frondas, los manatíes de grandes tetas de madres que amamantaban a sus crías y lloraban con voces de mujer desolada en los playones eran una especie extinguida por las balas blindadas de los cazadores de placer”.
- La enfermedad de Fermina y su posterior recuperación, que tienen un carácter casi milagroso. Su transformación se presenta como un proceso mágico y misterioso.
Ej.: “‘El nueva Felicidad’” zarpó al amanecer del día siguiente, sin carga ni pasajeros, y con la bandera amarilla del cólera flotando de júbilo… Fermina Ariza bajó a las cocinas, entre las ovaciones de la tripulación y preparó para todos un plato inventado que Florentino Ariza bautizó para él: berenjenas del amor”. “Durante el día jugaban a las cartas, comían a reventar, hacían unas siestas de granito que los dejaban exhaustos, y apenas bajaba el sol soltaban la orquesta, y bebían anisado con salmón hasta más allá de la saciedad”.
El realismo mágico en El otoño del patriarca se relaciona estrechamente con la temática de la novela, que es la crítica a la dictadura y la opresión. El realismo mágico permite a García Márquez:
- Destacar la naturaleza surrealista y opresiva del régimen: El realismo mágico crea un ambiente asfixiante y onírico que refleja la naturaleza opresiva y corrupta del régimen del patriarca.
- La mezcla de tiempos y memorias en la narrativa intenta destacar cómo el régimen manipula la historia y la memoria de los pueblos para mantener su poder y
- Simbolizar la decadencia y la corrupción: La inmortalidad y decadencia del patriarca se convierten en símbolos mágicos de la corrupción y la decadencia del régimen opresor, creando una atmósfera de aislamiento y soledad.
William Ospina, poeta, ensayista y novelista colombiano, sostiene que hoy son Colombia: el pensamiento mágico indígena, la sensualidad del mundo caribeño, esa certeza de que los poderes centrales de este mundo no saben nada de la vida, la literatura que llegó a través de sus obras.
Alguna vez se le preguntó a nuestro autor: “¿Para qué escribe García Márquez?” y él respondió: “Escribo para que me quieran más mis amigos”.
García Márquez desfiguró los hechos de su vida íntima hasta hacerlos irreconocibles, como un artefacto literario que se devora a sí mismo, para reconocer después que su vida estaba allí: en sus historias, en la miseria y el olvido y en el gran tema que cruza sus más de cuarenta libros, y por extensión sus recuerdos: los amores contrariados.
Influencias
Entre otros, los siguientes autores tuvieron un impacto directo en la obra de García Márquez:
William Faulkner: La creación del condado ficticio de Yoknapatawpha (curiosamente también la letra a repetida, sólo cuatro veces) inspiró a García Márquez a concebir Macondo, un universo autónomo donde el tiempo es cíclico y la historia se repite.
Ernest Hemingway: Su estilo sobrio y directo influyó en la economía expresiva de García Márquez, especialmente en sus primeros relatos. Por ejemplo, el cuento “La mujer que llegaba a las seis” (GM) recuerda la estructura de “Los asesinos” (EH).
Franz Kafka: La lectura de La metamorfosis impactó profundamente al autor colombiano, revelándole que era posible narrar lo absurdo y lo fantástico con naturalidad.
Virginia Woolf: La exploración de la conciencia y el flujo de pensamientos en la narrativa de Woolf se refleja en la atención de García Márquez a la subjetividad y la percepción del tiempo.
Y, por supuesto, la tradición oral y la poesía popular: las historias de fantasmas contadas por su abuela y las leyendas del Caribe colombiano aportaron un tono lírico y mágico a su narrativa.
Fidel y la revolución
Gabo fue un verdadero admirador y completamente convencido del sistema comunista-socialista que Fidel Castro implantó en Cuba. Esto lo alejó de algunos escritores y amigos como Mario Vargas Llosa y Octavio Paz, ambos también ganadores del Nobel de Literatura. Incluso después del Caso Padilla (el poeta encarcelado por oponerse al régimen), García Márquez mantuvo su amistad con Fidel Castro y Octavio Paz juzgó severamente la postura política de Gabo.
En el encuentro La experiencia de la libertad, que Octavio Paz organizó a principios de la década 1990, junto con diversos intelectuales de distintas partes del mundo, en el que se discutió la caída de la Unión Soviética, el periodista Andrés Oppenheimer le preguntó sobre el apoyo de García Márquez a Fidel Castro. Paz contestó: “No sé. No soy patólogo. Éste es un caso de patología ideológica. Quizá tenga que ver algo con la fascinación con el poder. Algunos escritores se sienten fascinados por el poder y los poderosos también se sienten fascinados por los escritores”. Por su parte, García Márquez contestó a la opinión sobre las declaraciones del escritor mexicano: “Es un error de diagnóstico, simplemente a Octavio Paz lo admiro como el gran escritor que es, pero no como médico”.
Sin embargo, cuando este falleció, en 1998, Gabriel García Márquez escribió un pequeño texto que se reprodujo en varios medios informativos, incluyendo la revista Vuelta (fundada por el poeta mexicano en 1976): Cualquier elogio es superfluo a estas alturas de su gloria. Lamento, tanto como su muerte, la interrupción irreparable de un torrente de belleza, reflexión y análisis, que saturó de extremo a extremo el siglo XX y cuya onda expansiva ha de sobrevivirnos por mucho tiempo.
Sus biografías
Vivir para contarla (2002), su libro autobiográfico, contiene sus memorias, desde su infancia y juventud hasta 1950. Aunque fue concebido como la primera parte de una trilogía, hasta la fecha solo se ha publicado este único volumen.
García Márquez. El viaje a la semilla (1997), Dasso Saldívar.
Gabriel García Márquez. Una vida / A Life (2008), Gerald Martin. (El autor de esta biografía tardó 20 años en construirla, manteniendo una relación intermitente pero profunda con la familia de Gabo, lo que le permitió tener acceso a testimonios, documentos y recuerdos familiares. La primera entrevista a García Márquez, quien lo llamaba “el loco que me persigue”, ocurrió en La Habana, en diciembre de 1990.
Gabriel García Márquez. Vida, magia y obra de un escritor global (2021), Álvaro Santana Acuña.
Otros relatos y testimonios significativos
“El caso perdido” (1984) de Plinio Apuleyo Mendoza, luego ampliado en Aquellos tiempos con Gabo (2000) y Gabo. Cartas y recuerdos (2013); Los García Márquez (1996) de Silvia Galvis; Soledad y compañía. Un retrato a voces de Gabriel García Márquez (2014) de Silvana Paternostro; Gabo y Mercedes. Una despedida (2021) de Rodrigo García; Gabo + 8 (2021) de Guillermo Angulo.
Salud, enfermedad, muerte
De niño, por mirar un eclipse solar directamente, perdió la visión central de su ojo izquierdo, conservando solo la visión periférica. Este es un detalle apenas conocido que él mencionó sólo en relatos familiares.
En 1999, a los 72 años, le diagnosticaron linfoma no Hodgkin del que fue tratado con quimioterapia en un hospital de Los Ángeles con una remisión prolongada. En 2012 se hicieron públicos los signos de deterioro cognitivo y fue perdiendo la memoria de manera progresiva. Finalmente, falleció el 17 de abril de 2014 en México por complicaciones de una neumonía.
Más de Gabo…
Según un antiguo refrán, hay que escribir un libro, tener un hijo y plantar un árbol antes de morir. Gabriel José de la Concordia García Márquez cumplió estas tres acciones en México, país al que llegó en 1961 “sin nombre y sin un peso en el bolsillo”. Dos semanas tardaron Gabo y su esposa en cumplir la fatigosa travesía en autobús desde Nueva York hasta la capital mexicana.
Una fuerte amistad que lo unía con su compatriota y poeta Álvaro Mutis y con el intelectual catalán Luis Vicens impulsó su viaje a la ciudad de México, donde pasó la mitad de su vida, alternando temporadas en Cartagena y Barcelona. El padre del realismo mágico encontró un refugio en la capital mexicana en donde escribió la mayor parte de su obra, cultivó su fama y recibió, en 1982, el anuncio de que le otorgarían el premio Nobel de Literatura.
“Gabo llegó con una mano delante y otra atrás a México y fueron los amigos los que le hicieron sentirse en casa, los que le ayudaron a salir adelante”, dijo el escritor e historiador mexicano Jorge Hernández. La situación económica era muy crítica. Amigos solidarios, como el matrimonio García-Elió, fueron determinantes para la subsistencia del colombiano y su familia, que incluía a su esposa y sus dos hijos. Les llevaban comida a su casa del barrio de San Ángel y compartían animadas noches de tertulia, y escuchaban admirados los textos de Gabo.
Cuando se dedicó a tiempo completo a escribir Cien años de soledad, tuvieron dificultades incluso para pagar el alquiler de la casa, llegando a deber nueve meses en una oportunidad. Al llegar el momento de enviar el texto completo de la novela –ya concluida– a la editorial en Buenos Aires, no contaban con el dinero necesario. “Tan acostumbrados estábamos a esos tropiezos cotidianos que no pensamos demasiado en la solución. Abrimos el paquete, lo dividimos en dos partes iguales y mandamos a la Argentina solo la mitad, sin darnos cuenta de que enviamos la parte final del libro”, relató García Márquez. A base de préstamos pudieron reunir el dinero que faltaba para enviar el resto de la novela que lo llevó a la fama literaria.
Elena Poniatowska, ganadora del Premio Cervantes 2013, estuvo presente en un episodio de la vida de García Márquez ocurrido en 1976, cuando, a la salida de una función de cine en ciudad de México, el escritor peruano Mario Vargas Llosa “le dio un puñetazo y lo tiró al suelo”. Elena recordó que estaban “totalmente aturdidos y asombrados”, y que se apresuró a conseguir un filete de carne y colocarlo en el maltrecho ojo del colombiano, sin entender los motivos del incidente que acabó con la amistad de los dos escritores.
El puñetazo no fue un arreglo literario o político, sino un acto cargado de pasión y de celos. Vargas Llosa reaccionó violentamente al sentirse traicionado por algo que García Márquez habría hecho o dicho respecto de su esposa. Desde entonces, ambos mantuvieron silencio absoluto sobre el suceso y nunca retomaron su relación.
Salvo este lamentable acontecimiento, México fue para García Márquez un fértil campo de cultivo de buenas amistades: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Emilio Pacheco y el cineasta español Luis Buñuel. En 1983 García Márquez reconoció: “Aquí he escrito mis libros, aquí he criado a mis hijos, aquí he sembrado mis árboles”.
Es una lástima que García Márquez no haya tenido la oportunidad de publicar los otros dos tomos de las memorias que tenía en mente. Hubiera sido interesante conocer sus impresiones acerca de los años en que fue un escritor famoso y popular. Sin embargo, suele decirse que la obra de un artista siempre está relacionada con sus primeros años de vida. Él nos dejó las memorias de sus años de infancia y juventud. Lo que vino después es materia conocida.
“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”, dice García Márquez. Él fue, y seguirá siendo, el gran narrador de nuestras desmesuras, el cartógrafo del alma latinoamericana, y el creador de una literatura, que, como Macondo, no será borrada por los diluvios del tiempo.
Nota de los autores: Utilizamos la IA como herramienta para acceder al contenido de textos que suman billones de palabras, provenientes de libros, artículos, enciclopedias, sitios web, códigos, foros, etc.
Nuestra más que justificada inquietud acerca de ella es: “¿Puedes imaginar o crear por ti misma?”. La respuesta es que la IA puede ser una herramienta poderosa para apoyar y ampliar la creatividad humana, ofreciendo nuevas perspectivas y facilitando la generación de ideas. Sin embargo, su capacidad para tener una imaginación creadora autónoma, comparable a la humana, es limitada por la falta de conciencia, emociones y experiencias personales. Por lo tanto, mientras la IA puede simular ciertos aspectos de la creatividad, la imaginación humana sigue siendo única y esencial en el proceso creativo.
Autores:

Alejandro Álvarez Gardiol

Analía Rodriguez
