La icónica foto de Silvina habla de una mujer introvertida que no sólo tapa su rostro, sino que supo ocultar su voz en otras voces…
Hermana de…. Esposa de…. Amiga de….
Esa Identidad asociada marcó el tiempo de una de las plumas más importantes y originales de la lengua española.
Esta mujer, que pertenecía a la aristocracia argentina cuyos vínculos familiares se entroncan con la historia del país, y que al decir de Mariana Enríquez en su libro “La hermana Menor” -citando a Victoria en su autobiografía- “La cosa había ocurrido en casa, o en la casa de al lado o en la casa de enfrente San Martin, Pueyrredón, Belgrano, Rosas, Urquiza, Sarmiento, Mitre, Roca, López. Todos eran parientes o amigos”, fue tal vez una de las escritoras más destacadas.
Hoy traducida a numerosos idiomas, su narrativa y también su poesía, despiertan interés en gran número de lectores en el mundo.
Silvina Inocencia María Ocampo Aguirre Herrera nació el 28 de julio de 1903 en Buenos Aires y murió un 14 de diciembre de 1993, también en Buenos Aires.
La menor de seis hermanas. La etcétera de la familia según ella misma.
Su aprendizaje temprano de otros idiomas como el inglés y el francés no le impidieron amar el castellano. A pesar de iniciarse primero en la pintura en su paso por Europa y de la mano de grandes artistas, llegará a las letras donde alcanzará su notoriedad.
Una vida tan creativa como disruptiva.
Le gustaba subvertir, confundir. En sus cuentos hay mundos que se cruzan, personas y cosas que salen de su lugar. Objetos y animales descriptos como personas y personas que aparecen como objetos.
Ella logra juntar y unir lo imposible, la infancia con la crueldad, el horror con la bondad, el cielo y el infierno.
Lo real, lo onírico, lo fantástico, serán parte de sus elecciones. Así irá forjando una voz inconfundible.
Su aporte a la literatura fantástica fue lograr que lo cotidiano se transforme en una pesadilla. Aquello donde algo normal se convierte en siniestro.
Sus cuentos responden al efecto de lo que no se dice, siendo la infancia el período de la vida que más le atrae.
Casi siempre elije ese punto de vista, el de los niños. “Así encontraremos niños perversos abusados, pirómanos, suicidas” (Mariana Enríquez).
El universo Ocampo estará plagado de metáforas, ambigüedades, metamorfosis, dobles, oposiciones. Aparecerán sirvientes, mendigos, niñeras. Jugará con los límites y estos ingredientes confluirán en una exquisita experiencia para el lector.
Mariana Enríquez nos dice respecto de la autora: “rompe el cuento perfecto, termina en cualquier parte, cambia de narradora, cambia de género a la narradora”. “Su poesía es diferente –salvo excepciones- a sus cuentos y parece dictada por otra personalidad, proveniente de una mujer que es más ordenada, menos despeinada. Extraña pero correcta”.
En 1937, la Revista Sur dirigida por su hermana Victoria publica “Viaje Olvidado”, su primer libro, que refleja la influencia de su etapa anterior cercana a las Artes Plásticas. Los títulos de los cuentos remiten a nombres que los pintores impresionistas usaban para sus obras. Relatos breves y autobiográficos en lenguaje coloquial. Casi todos escritos en primera persona. En 1940 se casa con Adolfo Bioy Casares y escribe junto a él y Jorge Luis Borges la “Primera Antología de la Literatura Fantástica”. En 1941, nuevamente juntos, publican “Antología Poética Argentina”.
En 1942 gana el Premio Nacional de Literatura con su primer libro de Poemas: “Enumeración de la Patria”. En 1945 publica “Espacios Métricos”, su segundo Poemario. En 1949 escribe junto a Bioy Casares la novela “Los que Aman Odian”, llevada posteriormente al cine.
Cabe destacar que en 1948 ya había publicado “Autobiografía de Irene”. A partir de allí encontrará una voz propia que bajo el patrón narrativo Borgeano logrará identificarla. Sus textos dialogan siempre con los de Borges y Bioy Casares. Solo su predilección por las figuras femeninas la apartaran de esta propuesta.
En 1949 aparece “Poemas de Amor desesperado”, tomando alguna influencia de Neruda. En 1953 con “Los Nombres” obtiene el Primer premio Nacional de Poesía. En 1954 nace Marta, hija de Bioy que ella adopta como propia. En 1956 aparece “Los Traidores” pieza teatral en verso. En 1959, “La furia y Otros Cuentos”, libro en el cual utiliza el recurso de las cartas que reflejarán los cambios que ella observa en el lenguaje de la sociedad y en el lenguaje de la literatura. Luego “Las Invitadas” en 1961, “Lo Amargo por Dulce” en 1962 que obtiene su segundo premio Nacional de Poesía, y “Los Días de la Noche” en 1970.
En años posteriores publicará varios libros infantiles. En 1987 “Y así sucesivamente”, libro de cuentos. En 1988 “Cornelia frente al Espejo”.
Estos libros presentan un cambio respecto a la estética anterior, se imbrican la narrativa y la poesía en un mismo texto. Los conflictos no se presentan claros como, por ejemplo, en “El Pecado Mortal”, que pertenece al libro “Las Invitadas”.
Tras su muerte, han aparecido volúmenes que recogen textos inéditos. Hoy apreciamos una revalorización de su obra. Tanto de su narrativa como de su poética. Nuevos escritores, a los cuales ha influenciado, continúan escribiendo entre ese límite difuso de la realidad y la ficción.
Adjuntamos un texto de Borges, titulado: “La Prosa de Silvina Ocampo”. Aparecido en el Suplemento Artes y Letras del Diario chileno “El Mercurio” el 6 de Julio 1986:
“Como el Dios del primer versículo de la Biblia, cada escritor crea un mundo. Esa creación, a diferencia de la divina, no es ex nihilo; surge de la memoria, del olvido que es parte de la memoria, de la literatura anterior, de los hábitos de un lenguaje y, esencialmente, de la imaginación y de la pasión. Kafka es creador de un orbe eleático de infinitas postergaciones; James Joyce, de un orbe de hechos ínfimos y de líneas espléndidas; Silvina Ocampo nos propone una realidad en la que conviven lo quimérico y lo casero, la crueldad minuciosa de los niños y la recatada ternura, la hamaca paraguaya de una quinta y la mitología. Ayudado por la miopía gradual y ahora por la ceguera, vivo entre tentativas de soñar y de razonar; la mente de Silvina recorre con delicado rigor los cinco jardines del Adone, consagrado cada uno a un sentido. Le importan los colores, los matices, las formas, lo convexo, lo cóncavo, los metales, lo áspero, lo pulido, lo opaco, lo traslúcido, las piedras, las plantas, los animales, el sabor peculiar de cada hora y de cada estación, la música, la no menos misteriosa poesía y el peso de las almas, de que habla Hugo.
De las palabras que podrían definirla, la más precisa, creo, es genial. Se ha dicho que el talento es una fuerza que el hombre puede dirigir; el espíritu sopla donde quiere (Juan, 3,9) y puede salvar o perder. De ahí las habituales inconstancias de la obra de genio. Hugo escribió que Shakespeare estaba sujeto a ausencias en el infinito.
La prosa de Silvina Ocampo no es menos inspirada que sus versos. Su cuento Autobiografía de Irene es una prueba. Esencial o superficialmente, el tema es un precioso don que luego se revela como terrible. En el Vathek, de William Beckford, le prometen a un rey un infinito y resplandeciente palacio, poblado de esplendores y multitudes; ese palacio es el Infierno. En la Autobiografía de Irene, el ominoso don es de orden profético. No lo creo imposible; es raro que yo pueda saber lo que pasó en Ur de los caldeos, hace ya tantos siglos, y no lo que pasará en esta casa dentro de unos minutos, digamos un llamado de teléfono. Tal vez a la memoria del pasado quepa sumar la del futuro, que ya tiene su nombre en todas las lenguas: presentimiento, foreboding.
No ensayaré un resumen de las páginas de ese admirable relato. La historia sólo puede ser contada con todas las palabras y todas las circunstancias del texto”.
Análisis del cuento “ El Pecado Mortal” de Silvina Ocampo, por Mirna González.
“Los símbolos de la pureza y del misticismo son a veces más afrodisiacos que las fotografías o los cuentos pornográficos, por eso oh! ¡Sacrílega! Los días próximos a tu primera comunión, con la promesa del vestido blanco, lleno de entredoses, de los guantes de hilo y del rosario de perlitas fueron tal vez los verdaderamente impuros de tu vida. Dios me lo perdone pues fui tu cómplice y tu esclava.”
Así comienza “El Pecado Mortal”, de Silvina Ocampo y así anticipa, en este primer párrafo el tono perturbador en el cual se desarrollará el cuento.
Aparecen también algunas de las características de la escritura Ocampiana: la infancia alejada de toda idealización. La niñez no solamente como espacio de la inocencia sino como territorio de deseo, violencia o ambigüedad.
Su título tiene un registro religioso, gravedad y consentimiento lo estarían significando.
Esta religiosidad de la narradora, que cree en Dios y por ende en la religión como fuente de culpa, trata de infligir esa culpa en la niña, imprimiéndole a sus palabras un tono acusatorio.
Al final del cuento apelará a lo mismo, ahora como fuente de redención, como clave para su supervivencia.
El cuento nos permite ver el entorno de una niña que pertenece a la alta burguesía y a través del conflicto, la autora presenta una crítica a las clases altas y a sus convenciones sociales.
“el último piso estaba destinado a la pureza y a la esclavitud, a la infancia y a la servidumbre (A ti te parecía que la esclavitud existía también en los otros pisos y la pureza en ninguno). Oíste decir en un sermón ¨ Mas grande es el lujo, más grande es la Corrupción¨……
La construcción narrativa presenta un desdoblamiento, otra de las características de la escritura de Silvina.
Una narradora adulta en segunda persona gramatical, interpela a la niña que fue casi en un presente.
Podría haber aparecido una narradora en primera que ordenara el relato y una niña en tercera que tomara distancia. El recurso de la segunda persona, tal vez hable de una culpa que impide hablar desde un yo y lo desplaza hacia un tú.
En otro momento también se aleja, pero temporalmente: “te buscaría por el mundo entero a pie como los misioneros para salvarte si tuvieras la suerte, que no tienes de ser mi contemporánea.”
Ese tono de reproche se manifiesta repetidas veces: “nadie sospechaba que la perversidad o más bien el vicio te apresaba ya en su tela pegajosa y compleja.”
Esta dualidad entre infancia, pureza, goce, vicio, perversidad, inocencia, va graduando la tensión del relato hasta ese, “presentías que algo insólito había sucedido o iba a suceder en la casa.”
Este relato inquietante intertextualiza con la historia de Piramo y Tisbe, historia trágica de dos amantes que se comunican por una grieta en un muro.
…. “la voz de Chango resonó con imperiosa y dulce obscenidad, Muñeca, mira, mira”.
Nada mejor descripto: “Lo horrible imita lo hermoso.”
Es ahora cuando la memoria se metaforiza y con destacada minuciosidad se centra en la mente de la niña y describe detalles relevantes para el relato.
“desde entonces verías para siempre las tragedias de tu vida con detalles minuciosos”
Nada es explicito, todo mediado por la percepción infantil, la confusión. La autora estetiza lo intolerable sin apelar al horror, sin moralizar. En cambio, trata de decir lo indecible, confesar lo inconfesable.
Sobre el final y en un nuevo desdoblamiento da un giro y expresa compasión por esa niña, tal vez en un acto de confesión.
“Como hiciste para sobrevivir? Solo un milagro lo explica, el milagro de la misericordia.”
Suele atribuirse a este cuento una inspiración autobiográfica, ya que en “Invención en el recuerdo¨, autobiografía escrita en verso libre y publicada después de su muerte, aparece recreado este y otros episodios de la infancia.
El Pecado Mortal se consagra, entonces, como un cuento aterradoramente bello.

Autora:
Mirna González
