Una mujer adelantada
Los españoles y portugueses otorgaban el título de “Adelantado” a aquel compatriota que, con valentía y haciendo uso de recursos propios o prestados, se lanzaba a la aventura de descubrir nuevos territorios, aun cuando los eruditos y geógrafos de la época desconocían la existencia de una inmensa cantidad de lugares que ni siquiera imaginaban. El Adelantado gobernaba, en nombre del Rey, las tierras que lograba descubrir.
El 1º de julio de 1804 nace en París otra “Adelantada” a su tiempo, una mujer dueña de una mentalidad de avanzada, casi futurista y poseedora de una pluma notable. No descubrió un continente, ni una isla, no recibió títulos nobiliarios en recompensa, pero representó, junto a otros genios de la literatura de su época, un movimiento intelectual que brilló con luz propia e hizo “grande” a la Francia del siglo XIX. Encabezó el movimiento Romántico francés conocido en todo el mundo como “Romanticismo”.
El mundo la conoció como George Sand, seudónimo inspirado en el nombre del periodista Jules Sandeau, quien fue su amante luego de separarse de su marido. Su nombre completo era: Aurore Lucile Dupin. Su madre, Sophie-Victoire De Laborde, provenía de una familia modesta; su padre, Maurice Dupin, era nieto del mariscal general de Francia, Mauricio de Sajonia, conde de Saxe (hijo fuera de matrimonio de Augusto II el Fuerte, rey de Polonia y elector de Sajonia). También estaba emparentada con el rey Luis Felipe I de Francia a través de antepasados comunes de familias reinantes alemanas y danesas.
Entre la vasta red de información que se encuentra en las innumerables fuentes disponibles en la actualidad, podemos acceder a su propia autobiografía, titulada Historia de mi vida, el testimonio más directo y ameno de su existencia. A continuación, algunos fragmentos de esta obra.
De su cuna
“Nací en el año del coronamiento de Napoleón. Mis biógrafos extranjeros son particularmente aficionados a la aristocracia, pues me han atribuido un origen ilustre, sin tener en cuenta una mancha bastante visible en mi blasón. No sólo se es hija de un padre, sino también de una madre. No es menos cierto que estoy vinculada al pueblo de un modo íntimo, directo y legítimo por la sangre de mi madre. Era mi madre una pobre niña del viejo París. Su padre, Antonio Delaborde, era vendedor de canarios y de jilgueros en el Muelle de los Pájaros”.
De su matrimonio
“No encuentro delicado, conveniente ni honrado que, para excusarme de no permanecer bajo el techo conyugal, se acuse a mi marido de cosas por las que no he vuelto a quejarme desde que recuperé mi independencia. Mi marido vive y no lee mis escritos ni los que se hacen sobre mí. Razón de más para que yo repruebe los ataques de que es objeto por causa mía.
No pude vivir con él, nuestros caracteres y nuestras ideas diferían esencialmente. Consejos imprudentes lo indujeron a provocar debates públicos que nos obligaron a acusarnos mutuamente. Triste resultado de una legislación imperfecta y que el porvenir enmendará”.
De Napoleón y su paso por Francia
“Poco a poco, Francia pierde su fe en ella misma para no creer más que en Bonaparte. Fue el gran error de Napoleón creer que a fuerza de dádivas, concesiones, seducciones e imparcialidad aparentes sembraría la conformidad general. En 1815, este hombre que, como Luis XVI, creía encarnar a Francia, se encontró con que no era más que un hombre a quien Francia abandonaba. Napoleón fracasó, en su concepción, no por falta de genio ni de patriotismo, sino por falta de una religión social”.
Y después de meditar sobre Napoleón, ella piensa:
“El espíritu de aristocracia ha penetrado tanto en el corazón humano que, a pesar de nuestras revoluciones, existe todavía bajo todas sus formas. Se necesitará mucho tiempo para que el principio cristiano de la igualdad moral y social domine en las leyes y en el espíritu de las sociedades”.
De su amor por los pájaros. Del hombre-pájaro
“El pájaro, lo sostengo, es el ser superior de la creación. Su organización es admirable. Su vuelo lo coloca materialmente sobre el hombre. Tiene instintos de amor conyugal, de previsión y de industria doméstica; su nido es una obra de arte, de habilidad, de solicitud y de lujo delicado. El pájaro macho ayuda a la hembra en los deberes de la familia. En el pájaro los dos sexos, dotados de iguales virtudes, ofrecen el ejemplo ideal del himeneo. Falta muy poco para que nos igualen; y como músicos y poetas están mejores dotados que nosotros. El hombre-pájaro es el artista.
De su abuela: quien, a través de un acuerdo con su madre, se hizo cargo de educarla y la convirtió en heredera de sus rentas
“Mi abuela tuvo gran admiración por Nécker y luego por Mirabeau. Había adoptado la creencia de la igualdad tanto como era posible en su situación. Estaba a la altura de las ideas más avanzadas de su época. Aceptaba el contrato social de Rousseau; odiaba la superstición con Voltaire; amaba hasta las utopías generosas, y la palabra república no le disgustaba”.
De su amor por el condado de Nohant, lugar en donde pasó varios años de su vida: de niña, con su abuela, de adulta, con sus hijos (Maurice y Solange) y con sus amores (Fréderic Chopin fue el más conocido, cuidado y querido con un amor casi maternal al final de una relación que duró casi diez años).
“En esa época yo ocupaba en Nohant el antiguo cuarto de vestir de mi abuela. Mis dos hijos ocupaban el cuarto contiguo. Yo los oía respirar y podía quedar levantada hasta tarde sin molestar su sueño. Esta habitación era tan pequeña, que, con mis libros, mis herbarios, mis mariposas y mis piedras (me ocupaba siempre de historia natural, aunque no aprendía nada), no me quedaba lugar para una cama. La reemplacé por una hamaca. Allí también tenía una mesita en la que rondaba siempre un grillo, el cual se había acostumbrado tanto a mi presencia que vivía a mi lado. Comía sobre mi papel cuando yo escribía; otras veces caminaba tan al lado de mi pluma, que debía empujarlo para que no probara la tinta fresca”.
Del porqué de su vestimenta varonil
“Balzac decía: ‘No se puede ser mujer en París si no se tienen veinticinco mil francos de renta’. Sin embargo, veía que mis amigos de Berry vivían en París con muy poco dinero y estaban al corriente de todo lo que interesaba a la juventud inteligente. En las calles de París andaba yo como un barco sobre el hielo. Estaba siempre embarrada, cansada, resfriada y veía que mi calzado y mis vestidos se destruían con una rapidez espantosa. Conversando con mi madre, que vivía con mil quinientos francos de renta, le preguntaba cómo podría hacer yo para andar decentemente vestida y poder salir todos los días a la calle. Ella me contestó: ‘Cuando yo era joven y tu padre no tenía dinero, determinó hacerme vestir de hombre. Mi hermana hizo otro tanto y salíamos con nuestros maridos e íbamos a todos los espectáculos con esa vestimenta. En esta forma logramos hacer una gran economía’. Esta idea me pareció primero divertida y luego muy ingeniosa. La moda masculina era muy cómoda. Yo andaba por todo París. Pude ir a las galerías de todos los teatros. Además, con mi traje no temía las inclemencias del tiempo. Tuve gran placer de calzar mis botas; hubiera dormido con ellas. Con sus tacones me sentía muy firme”.
Análisis de un cuento veneciano: “L´Orco” de George Sand
Características del movimiento romántico en el relato
El cuento está ambientado en Venecia. Luego de su relación con Jules Sandeau la escritora se enamoró de Alfred de Musset y se instaló allí con él. La relación no prosperó, en cambio, su amor por esta ciudad duraría para siempre.
El relato menciona sitios, edificios notables y calles misteriosas por las que la protagonista principal, oculta detrás de una máscara, deambula durante las noches caminando o montada sobre una barca misteriosa.
En cuanto a la estructura, L´Orco presenta el formato de un cuento enmarcado. Esta es una técnica literaria en la que una historia principal (el marco) contiene otra (el cuento enmarcado) dentro de ella. Es un relato dentro de otro relato.
La narración comienza con una conversación entre amigos preocupados por Beppa, una mujer sumida en la melancolía. Uno de ellos, Zorzi, la interroga acerca del motivo de su pena y, a partir de allí, ella relata la historia de su hermana y la extraña conexión que ésta tenía con el llamado “Orco de Venecia”. Según decían, el monstruo representaba el espíritu libre de la ciudad, que en ese momento padecía el dominio de las tropas invasoras austríacas. El Orco terminaba con todas las criaturas que atentaban contra el orden de la Gran Venecia y se valía de una dama misteriosa para atraerlos y hacerlos desaparecer en el mar.
La hermana de Beppa, conocida como “la dama del antifaz”, era quien ayudaba al monstruo, que llegaba desde mar adentro en un “Bucentauro” a cumplir su cometido, sin imaginar que se enamoraría de uno de los jefes de la armada austríaca. El final es previsible y la dama debe pagar su error.
Podemos afirmar que se trata de un cuento romántico por varias razones. Primero, por la importancia de las emociones y el poder de la imaginación, que se imponen sobre la razón (“Guardábamos un melancólico silencio. Se diría que la tristeza del ambiente había invadido nuestros corazones…”). En segundo lugar, porque la naturaleza y las características del paisaje acompañan y casi se fusionan con las emociones y estados de ánimo de los personajes (“Era una noche de tormenta, el aire era denso y el cielo rebosaba de nubes negras surcadas por continuos relámpagos”). En tercer lugar, por el interés en lo exótico y medieval; se busca inspiración en culturas y épocas pasadas (“Es el Bucentauro. Él es quien ha engullido a tus compatriotas”). Por último, por la crítica a la sociedad y el rompimiento con las reglas impuestas por los gobiernos (“ ¿Acaso alguien se atreve a creer que Venecia ya no sea más Venecia? ¡Cuidado! Los ojos ven, los oídos oyen, las lenguas hablan”).
Este cuento conforma una bella perla de la escritura romántica propia de una época dorada.
Autora:
Analía Rodríguez
