Categoría: Cuentos Numero 13

Publicado en: 18/10/2025 Autor: Lisandro Lenski Comentarios: 0

Horizontes invisibles.

El encargo del agente M consistía en averiguar a quién pertenecían unas hectáreas en el Valle. Un asunto prioritario, había dicho, y que no escatimara recursos, que de ser necesario corrompiera voluntades. Sin embargo, había fracasado en las búsquedas en el registro público de la propiedad, incluso ofreciendo jugosos sobornos. Entonces tuve que encontrar alternativas. Yo ya conocía a Francesco el calabrés y él me había gestionado la reunión con Tomás, un particular que manejaba información confidencial.   Llegamos pasado el mediodía y en el cielo brillaba el sol, pero se avizoraban nubarrones a lo lejos. La última semana habían arreciado lluvias intermitentes. Olía a tierra mojada, se mezclaban yuyos, barro, y cascotes secos. De afuera su casa se vislumbraba como un bunker. Sospeché que quizás el descuido fuese intencional. Con aquella apariencia, la casa evitaba la ostentación, como un…

Publicado en: 18/10/2025 Autor: Eduardo Lowcewicz Comentarios: 0

Mas allá de la Leyenda

Al salir de la casa, el frío de la madrugada le disipó los últimos recuerdos del sueño. Cerró la puerta con cuidado para no hacer ruido y buscó la bicicleta que guardaba en el pequeño cobertizo. Tenía que pedalear unos kilómetros para llegar al obrador de la empresa donde trabajaba desde hacía algunos meses. Hacia el desierto un suave resplandor rojizo en el horizonte anunciaba la cercanía del amanecer.   La penumbra envolvía el barrio, una veintena de viviendas prefabricadas que fueron construidas por el gobierno, después de la gran creciente que bajó arrolladora desde los cerros llevándose las viejas casas de adobe. Eloy atravesó las calles de tierra rumbo a la ruta, levantando en pequeñas nubes el polvo acumulado por la historia. Algunas ventanas tenuemente iluminadas revelaban a los pocos mañaneros que tenían trabajo en las fincas vecinas.  …

Publicado en: 17/10/2025 Autor: Graciela Roselli Comentarios: 0

A la hora de la siesta

A la hora de la siesta niña, a la hora de la siesta podrás balbucear tus plegarias, antes no, tampoco después. Ten calma y espera ese momento de silencio en el que se detiene el tiempo y toman cuerpo tus sonidos; eso sí, recuerda no suspirar profundamente, respira suave y así evitarás ser escuchada, hazlo muy suavemente por ese eterno instante y que el aire que atraviesa tu cuerpo fluya como agua calma. Solo se oye el repicar, lento y acompasado, de las pisadas de las escasas almas que acompañamos el cuerpo de mi amigo Fermín a su última morada. Un jilguero interrumpe la monotonía con un esmerado silbido y luego calla, repentinamente, como arrepintiéndose de su intromisión. La fragancia de los pinos satura el aire del cementerio atemperando el olor putrefacto del agua de los floreros. De vez en…

Publicado en: 17/10/2025 Autor: Analía Rodriguez Comentarios: 0

La chica del río

En los albores del año 1900, en Rosario, ciudad de Argentina, en una biblioteca de un barrio también conocido como la “Pequeña Chicago argentina”, se encontró un manuscrito en el que se mencionaba un padecimiento cuyo nombre científico descubrí después. Este relato no es una mera crónica de un suceso extraño, es también una historia de amor. Nota de autor Barrio de Pichincha, 1922   El doctor Alcides Mondino no esperaba el llamado que lo sacó ese domingo de llovizna de la calidez de la cama. Le gustaba disfrutar de la tibieza que lo cobijaba desde hacía varias horas. Era tarde, hacía rato que dormía y, si bien estaba acostumbrado a los reclamos urgentes, no contaba con que el Petit Trianon tuviera un problema a esas horas y mucho menos un lunes, día que por lo general resultaba algo más…

Publicado en: 17/10/2025 Autor: Alejandro Alvarez Gardiol Comentarios: 0

El perro miente

  …sobre un trono de oro yacen los restos de una reina que había sido coronada, aunque ya estaba muerta. (Canto III, Las Lisiadas, Luis de Campes) Muchos años después, frente a la tumba del rey Pedro I en Alcobas, Marcos García había de recordar el día en que su tío abuelo, sentado a la cabecera de la mesa sentenció: “A los perros hay que matarlos”, bebió un trago más de vino con soda y eructó. Era un hombre grueso y rosado, con una papada asombrosa sobre la que solía dormitar. “El tío Nardo habla con sus gatos y sus conejos, ellos le meten esas ideas en la cabeza de puro celosos que son”, fue la explicación que le dieron sus padres. Después de aquellos almuerzos de domingo en la quinta de San Miguel, el niño esperaba los ronquidos de…

Publicado en: 17/10/2025 Autor: Rubén Leva Comentarios: 0

Lorelei

Lorelei Zamudio nació con un don. Según la versión oficial la madre no llegó a enterarse porque murió en el parto de una hemorragia que el doctor Morelli no pudo contener. En el pueblo decían, sin embargo, que ese don, que poco tiempo después comenzaría a manifestarse, era un legado que Alelí Giampietro de Zamudio, famosa en la comarca gracias a su habilidad para curar el empacho y la pata de cabra, le había transmitido de manera consciente y deliberada momentos antes de expirar. Como es lógico, tratándose de una bebé, Lorelei no lo descubrió enseguida, tuvo que esperar a entender las variaciones del tiempo, la alternancia de luz y oscuridad, a sentir el calor que incendia la piel y multiplica las pecas, el frío que hiela la gramilla y hace entrechocar los dientes y pone un espejo en el…

Publicado en: 17/10/2025 Autor: Martín Francés Comentarios: 0

Soraya: Pasión, bruma y desolación

“En el silencio del puerto, el gitano Sandor Montoya aguardaba con el corazón munido de esperanzas y al ver que su deseada no bajaba del barco, su alma se apagó de amor y esta vez fue para siempre. Sus restos serán depositados en el Cementerio del Cóndor, como fue su voluntad manifiesta al menos desde los últimos años”. Así rezaba la sección de noticias necrológicas del matutino, en el insular pueblo Los Horcones, aquella mustia mañana de invierno de 1949 en que, a pesar de la tragedia del día anterior, la actividad portuaria era la habitual porque el amor cuando se cobra una vida no deja manchas, no deja dudas, no deja espacios inconclusos, como así tampoco deja tiempo para la explicación. Era una muerte limpia, que juega con su impunidad absoluta para entrar y salir.   ―Django acordate que…

Publicado en: 17/10/2025 Autor: Sofía Masnatta Comentarios: 0

Los únicos privilegiados

…” Tienes miedo añejado al cuerpo, quizás estés muerta” … “Cuadernos” Obra inédita de Juan Andrés Negro. 1923/2002   Todos en la familia se preguntaban qué había pasado con Ángela. De niña vivaz, parlanchina y juguetona, había mutado sin escalas a un estado de absurda melancolía. La melancolía la había tomado por completo al punto de pasar horas en el patio de su casa contemplando las caprichosas formas de las nubes o el suave ondular de las copas de los árboles al compás del viento. Algunos comentaban que dicho mal había aquejado a integrantes de esa familia en otras generaciones y que, si bien el mote de locura no se había usado en esos casos, bien podía ser ésta la excepción. Su comportamiento extraño había comenzado de la noche a la mañana. No hubo médico o curandero al que no…

Publicado en: 17/10/2025 Autor: Carla Caterina Comentarios: 0

Milagros de la Madre Tierra

¿Cuál sería su destino? Anochecía. Anahí Rivera se balanceaba en la mecedora. Felisa, la gata, su fiel compañera, seguía los vaivenes ovillada en el regazo. Pensaba en Nahuel, su hijo y rememoraba a tientas, recientes conversaciones. Habían llegado a esas tierras del sur, cuando Nahuel era apenas un niño, estableciéndose al amparo de la belleza majestuosa de lagos y montañas. El turismo local había sido su pasión y su medio de vida. Y ahora Nahuel, que había emigrado hacía unos años, quería llevársela con él. “A una nueva vida” le había dicho con cautela. “Nueva vida”, Anahí Rivera repetía la frase. Debería haberse negado. Qué haría ella en un lugar donde ni siquiera conocía el idioma. “Nápoles, Italia”, había insistido Nahuel con entusiasmo. Nunca había cruzado el charco, ¿era éste el momento? Abandonar su cabaña, sus costumbres pueblerinas, empezar de…