Horizontes invisibles.
El encargo del agente M consistía en averiguar a quién pertenecían unas hectáreas en el Valle. Un asunto prioritario, había dicho, y que no escatimara recursos, que de ser necesario corrompiera voluntades. Sin embargo, había fracasado en las búsquedas en el registro público de la propiedad, incluso ofreciendo jugosos sobornos. Entonces tuve que encontrar alternativas. Yo ya conocía a Francesco el calabrés y él me había gestionado la reunión con Tomás, un particular que manejaba información confidencial. Llegamos pasado el mediodía y en el cielo brillaba el sol, pero se avizoraban nubarrones a lo lejos. La última semana habían arreciado lluvias intermitentes. Olía a tierra mojada, se mezclaban yuyos, barro, y cascotes secos. De afuera su casa se vislumbraba como un bunker. Sospeché que quizás el descuido fuese intencional. Con aquella apariencia, la casa evitaba la ostentación, como un…
